EL BLOG DEL METABARÓN ROJO

POR UN FRENTE ÚNICO DEL PUEBLO

Nosotros, la clase trabajadora del estado español, nos encontramos en una situación crítica. Es una situación que viene de muy lejos, empeorada hace algo más de una década y rematada este último año con una crisis, que venía igualmente, pues era una nueva ola de la anterior, pero que ha sido acelerada y agravada por la emergencia sanitaria.

Ante esta situación, es, no ya necesario, sino obligado, la lucha conjunta de nuestra clase. Pero no hay que engañarse y confundir deseos con realidades materiales. La clase obrera no tiene conciencia de sí misma en la actualidad. Ello tiene muchas razones, que no se van a enumerar aquí, pero es un hecho al que hay que hacer frente. La ideología dominante ha penetrado en las mentes de una gran mayoría de la población, en contra de sus propios intereses.

Es por esto que ningún comunista debería esperar una revolución, menos aún socialista, si no que es necesario buscar una táctica realista, sin perder de vista la estrategia a medio y largo plazo. Se podría decir que más vale repetir errores de la Comuna de París, que justo cumple 150 años, que esperar a que la conciencia de clase se materialice cual Virgen de Fátima. Para ello es necesario tender puentes, de manera que aumente el debate público, que aumente la visibilidad de los planteamientos de los comunistas. Estos puentes deben tener en cuenta el terreno en las dos orillas, de manera que los cimientos sean fuertes. Esto supone hacer concesiones, sí, pero nunca contradecir los objetivos estratégicos.

En la humilde opinión del que escribe, estos acercamientos deberían materializarse en unas pocas medidas sencillas que supongan la defensa de la clase trabajadora a corto plazo. Un pequeño programa en cuya elaboración deberían participar los comunistas de distintos partidos y sin partido, así como las corrientes críticas de aquel cuyos dirigentes gobiernan con el partido socioliberal, principal representante de la burguesía transnacional. Pero también los sindicatos de clase, incluidos los anarquistas y los sectores críticos de los colaboracionistas, y aquellos movimientos formados en esta última década de crisis, que si bien adolecen de visión a largo plazo, son la semilla de algo mucho más importante.

Es pues el momento, no porque las condiciones sean adecuadas, sino por desesperación, de formar un movimiento de masas. Dejar los sectarismos a un lado. Los purismos. Teniendo claro quién es el enemigo y quién el compañero (aunque se crea que está equivocado). No es suficiente con la unidad comunista, aunque sería un gran avance. Es necesario que los comunistas estén en contacto con los miles y miles de personas con los que tienen objetivos comunes a corto plazo. Y acercarse a ellos con humildad, sin pedantería, para trabajar en lo posible sin perder de vista lo necesario.

Antes de seguir, resulta necesario nombrar un partido de relativamente reciente creación y a cuyas bases, sobretodo las pretéritas, hay que tener en cuenta. Y es que la creación de Podemos, que ilusionó a tantos y desilusionó a algunos menos, es un hecho de gran importancia para la clase trabajadora, no por lo que es, sino por lo que dijo ser. Teniendo claro, a merced de los hechos, especialmente de los últimos años, que se trata de disidencia controlada, hay que reconocer que se trata de un movimiento que se adelanta al necesario. Se trata de una carcasa casi vacía, con una estructura mínima y centralizada y unas políticas cada vez más oportunistas. Una sombra institucionalista de lo que debería ser un movimiento emancipatorio de la clase trabajadora, nacido de los movimientos ya existentes y que aprovechara la rabia generalizada frente a un sistema depredador.

Abundando en el mismo tema, es bueno recordar que, como indica Lenin en La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo, la clase trabajadora necesita de la experiencia para tomar conciencia, por lo que es necesario agotar la vía democrático-parlamentaria para poder avanzar más allá, hacia una vía revolucionaria (siempre que se haya construido una alternativa). Para ello es necesario que los oportunistas, los populistas de izquierdas, demuestren sus limitaciones, cosa que ya hacen, pero que harían en mayor medida con una superior cuota de gobierno, al reducirse proporcionalmente la capacidad de excusarse en su escaso peso electoral.

Llegados aquí, es el momento de dedicar unas palabras al lector que aún confía en el partido morado, por haber traído un discurso transgresor a los medios, que no se escuchaba desde Anguita. Piensa que no hay que juzgar por las palabras, sino por los hechos. Y lo cierto es que en los últimos siete años, desde la ilusión de la formación de los primeros círculos, habrás vivido un retroceso en los programas, cada vez más moderados, en la democracia interna, cada vez más limitada, y en las exigencias a los dirigentes, cada vez más exiguas. Mientras que paralelamente han aumentado las contradicciones, llegando a forzar el malabarismo político, con tal de justificar ciertos pactos, ciertas políticas, y ciertas promesas incumplidas. La decepción es dura, pero cuando antes llega, antes puedes mirar hacia delante con la mirada y la mente claras. Sí se puede cambiar la sociedad desde abajo, utilizando las instituciones como altavoz. Recuerda la ilusión de hace siete años y no te contentes con votar a políticos que crees que serían mejores gestores.

También es importante dirigirse a los compañeros anarquistas. Y hacerlo evitando la condescendencia, el paternalismo y cualquier tipo de discurso basado en una superioridad ideológica interiorizada. Pero hay un debate que se debería tener, y es la participación política de los anarquistas. En un momento gravísimo, como fueron los años 30 del siglo pasado, ésta se aceptó como un mal menor. Y posiblemente lo fue, y no sólo por parte de la CNT, sino también del PCE y sus jefes en Moscú, y es que la apuesta por la política institucional burguesa probablemente fue una de las causas de la derrota, vista la escasa energía con que la República combatió al enemigo interno, mientras reprimía al movimiento obrero. Aprendamos de nuestros errores, compañeros. Debemos debatir sobre la necesidad de una lucha en todos los frentes. La posibilidad de dejar de exigir políticas y pasar a ejecutarlas, no desde arriba, sino desde abajo.

Este artículo no pretende ser la chispa que inicie un movimiento de masas. Creerlo así sería un delirio prepotente como mínimo. Sí apunta al modesto objetivo de ser grano de arena, acompañado de la esperanza de que surjan iniciativas colectivas en el territorio, iniciativas que ayuden a tejer una red que impida la caída al abismo de la clase trabajadora y que luego, con muchísimo más trabajo, la impulse hacia arriba, hacia la emancipación, hacia la toma del poder.

Ya se empieza a abrir una ventana de oportunidad, empujada por la crisis actual y por la decepción que han de provocar las políticas oportunistas. Es responsabilidad de todos aprovecharla y plantear una alternativa, antes de que el sistema se adapte, como hace siempre, y nos cuele un nuevo movimiento de izquierdas que no amenace al satus quo, o lo que es peor, un neofascismo.

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